Autor, coach ejecutivo y consultor organizacional, un venezolano radicado en Chile que nos habla sobre el poder, el tiempo, la constancia y la decisión de liderar sin traicionarse.
Amancio Ojeda Saavedra ha dedicado buena parte de su vida a estudiar, enseñar y acompañar el liderazgo, pero lo que lo convierte en un verdadero referente no es solo su trayectoria: es la manera en que entiende el poder, el tiempo y la responsabilidad. Venezolano radicado en Chile, autor, coach ejecutivo y consultor organizacional, ha acompañado a líderes y organizaciones en distintos países de Latinoamérica, acumulando miles de horas de facilitación, libros publicados y una experiencia que cruza empresas, instituciones y procesos de transformación humana.
Sin embargo, en esta conversación con Celebridades Referentes, su autoridad no aparece desde la perfección, sino desde algo más profundo: la lucidez de quien ha conocido el éxito, la frustración, el silencio, la duda y la necesidad de volver al camino sin negociar sus principios.
Entrevista
¿Qué parte de tu vida actual no habría tenido sentido para la versión de ti de hace diez años?
Hoy valoro el tiempo que paso conmigo, el silencio, la quietud, el ocio, el sentarme con una taza de café a observar, con muchos o con pocos prejuicios; hace una década era un ser que necesitaba el movimiento, el ruido, el sentir que estaba avanzando; corría en la vida como si algo o alguien me acechara con alevosía.
¿Cuál ha sido el costo más silencioso de tu camino profesional —ese que casi nadie ve?
Creo que el costo mayor ha sido la cantidad enorme de tiempo invertido en proyectos, ideas, en la creación de productos y servicios que han sido un fracaso, y otros que, aunque fueron un éxito, yo no disfrutaba, solo los hacía por el dinero.
En un momento me sentí frustrado de tal manera que no hallaba cómo salir de ese círculo de frustración personal y casi nulo disfrute, pero que era bien pagado.
¿Qué decisión aparentemente pequeña terminó cambiando tu trayectoria de forma decisiva?
Entrar a un curso de la Junior Chamber International (JCI) cuando estudiaba en la universidad; yo criticaba esa organización sin conocerla, decía que eran un grupo de “sifrinos jugando a ser grandes”, así que entré al curso para criticarlos con base.
Me enamoré de esa organización, de sus valores, me nutrí de sus oportunidades, descubrí mi pasión por el liderazgo y tuve la oportunidad de ser su presidente nacional por dos años, 2008 y 2009. Hoy sigo siendo un Junior.
Cuando la exigencia externa es alta, ¿qué ritual, hábito o espacio te devuelve a ti?
Es importante saber que soy melómano y escucho música de manera ecléctica. Por ejemplo: según Spotify, para el 2025 escuché 227 artistas en mi cuenta en esa plataforma; esto quizás muestra la variedad de gustos musicales que tengo.
Cuando el entorno eleva la presión, cuando la vida se pone exquisita y exigente, cuando los desafíos me mueven de mi estado de calma, vuelvo a mi música preferida, a la que me acerca a mis ancestros, la que aprendí de muy joven. Allí me quedo un rato y consigo calma, centro e ideas para salir vivo de la presión.
¿Qué aprendiste sobre el poder —personal o profesional— que no aprendiste en libros ni en tu educación formal?
Que el poder es efímero, es pasajero, sutil; no se pregona, se ejerce, y sin importar si lo usas para bien o para mal, en un momento te vas a encontrar a solas con él en el espejo y tendrás el juicio de que pudiste usarlo mejor.
¿Qué no estás dispuesto a sacrificar hoy, aunque eso signifique avanzar más rápido?
Aprendí hace años que los principios no se negocian, que los valores se transforman y que nos miden por los comportamientos; sin importar lo que esté por venir, no estoy dispuesto a sacrificar ni un centímetro mis principios.
¿Qué parte de tu personalidad ha sido tu mayor fortaleza… y cuál fue tu mayor desafío a integrar?
Según la psicología, tengo un rasgo de personalidad “Tipo B”, y me “define” como relajado, paciente, no competitivo, dotado de ecuanimidad, me comporto con alta amabilidad y tengo una baja extraversión. Esto ha sido una gran ventaja para generar relaciones duraderas y me sirve mucho como coach; quizás por eso, desde que me certifiqué en el 2005, nunca he dejado de hacer coaching y tener grandes clientes en esta área.
Ahora, lo que tanto me ayuda en algunas áreas me desafía de manera mayúscula integrarlo en el mundo agresivo de ciertos negocios; y, por otro lado, aprendí a activar mi extroversión al momento de facilitar, dar una conferencia, hablar en público o relacionarme para establecer contactos en un networking.
Si tu agenda hablara, ¿qué diría sobre lo que realmente valoras en esta etapa de tu vida?
El tiempo libre. Mi agenda sabe que me he dedicado a tener tiempo y que ni acepto ni voy a reuniones que no me aportan valor. Es común que revise mi agenda al inicio de la semana para ver qué puedo eliminar.
¿Qué relación —persona, mentor o alianza— fue clave en tu camino y por qué funcionó?
Tengo muchos aliados y mentores, pero hay una persona clave: Rafael Sánchez. Es de mis mejores amigos y mi compadre, padrino de mi hija Aniuska. En él consigo siempre las palabras y los consejos pragmáticos que me cuesta conseguir en mí. Cada vez que estoy “enredado con algo” que me roba el sueño, una conversación con Rafo me trae a tierra y me muestra las opciones que pueden ser radicales, pero seguro que funcionan.
¿Qué te gustaría que otros aprendieran de tu recorrido, no para imitarte, sino para pensar mejor su propio camino?
La constancia y la entereza para volver al camino, una y otra vez. Yo me he perdido en el camino muchas veces, he dejado de ser y hacer lo que tanto me gusta; pero siempre hago lo necesario para volver al camino.
Tu nombre está asociado a visión y constancia. ¿Hubo un momento en el que dudaste profundamente de tu propio criterio? ¿Qué hiciste en ese punto?
Muchas veces he quedado ciego, sin visión de lo personal o profesional, y la constancia ha tomado más vacaciones de lo que me gustaría. Por otro lado, incluyendo mis momentos de mayor éxito, he dudado de mi criterio. Lo que suelo hacer es recordar una certeza: tengo derecho a equivocarme.
En tu experiencia, ¿qué diferencia real separa a quienes llegan lejos de quienes saben mucho, pero no avanzan?
La valentía de atreverse, el coraje para zafarse de la parálisis por perfeccionismo.
¿Cómo ha cambiado tu relación con el tiempo a medida que tu responsabilidad y tu impacto crecieron?
El tiempo es la llave, la responsabilidad es la cerradura. Quien sabe usar ambos puede abrir puertas grandes y pequeñas; por ello, el uso consciente del tiempo y la responsabilidad marcarán el impacto que logres.
Cuando te das cuenta de que tu impacto crece, seguro es porque has sabido usar bien la llave y la cerradura.
¿Qué tipo de conversaciones consideras estratégicas hoy, que antes no lo eran para ti?
Hay un autor que se llama J. P. Pawliw-Fry; él, en una de sus investigaciones, refiere que a las personas nos cuesta hablar sobre “el 8 %” de un tema. Ese porcentaje no se habla porque es incómodo y puede ser políticamente incorrecto, pero justo eso que se deja en el tintero es lo que puede garantizar el éxito de una relación, de un proyecto, de los resultados de un equipo. Hoy me propongo generar los espacios de confianza y las preguntas necesarias para que la gente hable con soltura sobre ese 8 %.
¿Qué aprendiste sobre liderazgo en momentos de presión que solo se revelan cuando hay mucho en juego?
Al sumar “presión” y “mucho en juego”, se exige del líder toma de decisiones; y quizás esas decisiones tengan que ser tomadas de manera inconsulta con el equipo. Así que, en esos momentos, reviso mis principios, decido de manera consciente y, cuanto antes, reúno al equipo para comentarle lo ocurrido.
¿Qué etapa de tu vida te exigió más madurez interna que habilidad técnica?
Luego de 32 años casado con Ana Luisa, con altos y bajos, con lunas de miel y crisis, han sido esos momentos los que han exigido de mí madurez personal. En estas circunstancias no importa que seas coach, líder, gerente, formador o lo que quieras. Allí solo se necesita ser una persona madura.
Cuando miras hacia adelante, ¿qué tipo de legado te interesa construir más allá de los resultados visibles?
Una cultura donde liderar sea una decisión y que cada quien pueda hacerlo a su manera.
¿Qué consejo ya no darías, aunque alguna vez lo diste convencido de que era correcto?
Esta pregunta me encanta, la respuesta la tengo hace mucho: yo era un profeta de que la gente “debía quemar sus velas” y emprender sin miedo, porque yo lo había hecho y me funcionó. Cuando alguien me decía que quería montar un negocio y seguir trabajando como empleado, yo lo invitaba a soltar “la zona segura” y creer en su proyecto. Hoy no lo hago, no lo recomiendo y me disculpo con quienes me creyeron y no les fue bien.
Ronda rápida
Un hábito que repites incluso en semanas intensas.
Bailar salsa, incluso solo.
Un lugar donde piensas mejor.
En el volante, manejando un largo trecho.
Algo que hoy consideras un lujo silencioso.
Un atardecer de Santiago con un buen café colombiano.
Una creencia que dejaste atrás.
El éxito tiene relación con el tener.
Una palabra que defina esta etapa de tu vida.
Consolidación.
La historia de Amancio Ojeda Saavedra recuerda que el liderazgo verdadero no se sostiene únicamente en la experiencia, los títulos o los resultados alcanzados, sino en la capacidad de volver al centro, revisar los propios principios y seguir caminando con honestidad, incluso después de haberse equivocado.
Su mirada sobre el tiempo, el poder, la madurez y la constancia deja una idea clara: liderar no es representar un papel, es tomar decisiones conscientes una y otra vez.
Desde Celebridades Referentes seguiremos atentos a su trabajo, especialmente porque muy pronto publicará un nuevo libro en Amazon. Una razón más para seguir de cerca la voz de un referente que no habla de liderazgo desde la teoría, sino desde la vida, la experiencia y la coherencia.
Mantente atento a sus próximos pasos y a la publicación de su nuevo libro.

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